CONSEJOS PARA UNA CONDUCCIÓN ECONÓMICA Y RESPETUOSA CON EL MEDIO AMBIENTE

Hoy vamos a comentar una serie de medidas que pueden ser tanto o más efectivas que la disminución del límite de velocidad permitido en autovías de 120 a 110 km/h impuesto por el gobierno.

Dependiendo de las costumbres que tengamos al volante, el consumo de combustible, las emisiones de CO2 y la vida útil de nuestro vehículo variarán positiva o negativamente para nuestros bolsillos y el medio ambiente. A continuación se dan unas sencillas pautas de comportamiento muy sencillas de asumir por cualquier conductor que repercutirán en gran medida en el consumo de combustible.

En primer lugar, y por ser tema de rabiosa actualidad, comentar que la disminución de velocidad de la que tanto se habla en estos días sí que tiene su fundamento, aunque en mucha menor medida de lo que se comenta desde el gobierno central. Respetar los límites de velocidad y circular por autovía a 110 km/h en lugar de a 120 nos puede hacer ahorrar aproximadamente un 1% de combustible en condiciones reales. Si a esto unimos una anticipación mental a las frenadas para evitarnos dar acelerones importantes veinte metros antes de tener que frenar, la repercusión en nuestros bolsillos puede ser muy importante. Por tanto, el primer consejo es respetar los límites de velocidad, por mucho que nos pese a algunos.

La relación de velocidad, lo que comúnmente conocemos como “las marchas”, puede ser uno de los factores más influyentes en el consumo de combustible, si su uso no es el que debiera. Cambiar de marcha en el momento adecuado es importantísimo tanto para disminuir dicho consumo, como para alargar la vida útil del motor. Se aconseja como velocidad ideal de un motor de gasolina aproximadamente unas 2500 rpm, y de un motor de gasoil unas 2000 rpm. No quiere decir que circulemos siempre con la aguja del marcador clavada en esos valores, pero es lo que debemos procurar para marchas a partir de la tercera, incluida. Se aconseja subir de marcha cuando la aguja alcanza las 3000 rpm en gasolina y las 2500 rpm en gasoil. Bajaremos de marcha cuando la aguja comience a bajar significativamente de los valores indicados de 2500 y 2000 rpm para gasolina y gasoil respectivamente. Hay una creencia no del todo exacta de que siempre es aconsejable rodar con las marchas más largas posible, y esto es un tanto impreciso. Bien es verdad que una marcha larga representa un desarrollo de potencia menor por parte del motor, pero si las revoluciones del mismo son demasiado bajas se verá reflejado en el aumento de consumo de combustible. Se aconseja no circular nunca por debajo de 1700 rpm en gasoil y 2200 rpm en gasolina, salvo en marchas cortas, donde es inevitable.

En cuanto a la climatización, saber que el sistema que nos da el calorcito o el fresquete tan confortable también está animado por el motor, por lo que el uso del mismo influye también en el consumo. La idea general es que hay que pasar frío en verano y calor en invierno cuando se viaja en coche, y el despilfarro de combustible debido a esta filosofía de “bienestar” es ya un hecho muy a tener en cuenta. Un sistema de climatización, ya sea de un coche o una vivienda, está concebido para que nuestro cuerpo no pase necesidades térmicas y esté confortable. El consejo es que siempre que la estación del año requiera del uso del climatizador, usar éste con el objetivo de “olvidarnos” de la temperatura, punto en el que no tenemos calor ni frío y no notamos que el aire del coche sale caliente o frío. Ni que decir tiene que no se aconseja climatizar el vehículo en estaciones templadas, ya que el cuerpo adquiere por sí mismo la temperatura de confort.

Otro aspecto importante es el tema ventanillas bajadas. Circular a grandes velocidades con las ventanillas abiertas aumenta el consumo, ya que varían las condiciones aerodinámicas del vehículo y la combinación de viento-vehículo hace lo que podemos bautizar como “efecto paracaídas”, entrando el aire dentro del vehículo y añadiéndole una pesada carga más. Por tanto, debemos procurar circular con las ventanillas cerradas cuando nos movamos a velocidades elevadas. El calor no es una excusa, para paliarlo acudiremos a un correcto uso del sistema de climatización, práctica que a baja velocidad es productivamente opuesta, ya que el consumo necesario para climatizar el habitáculo puede ser mayor que el derivado del “efecto paracaídas”, que a velocidades muy bajas es despreciable.

La presión de los neumáticos también merece ser comentada. En este caso debemos llegar a una solución de compromiso entre consumo y seguridad. Normalmente el fabricante del vehículo, haciendo uso de los datos técnicos del mismo, nos entregará los valores óptimos de presión de hinchado para los neumáticos, que serán lo suficientemente bajos como para que no se vea comprometida la adherencia del vehículo al asfalto, y lo suficientemente altos como para que el consumo se optimice y los neumáticos no se deterioren. Se aconseja pues mantener la presión de hinchado en los valores aconsejados por el fabricante del vehículo, que será menor para circular por carreteras convencionales (más curvas, mayor nivel de seguridad) y mayor para viajes largos por autovía (menos curvas, mayor optimización del consumo).

Cabe hacer mención al uso de elementos exteriores en el vehículo como bacas, alerones, etc. que también modifican la aerodinámica del vehículo y son una traba más a su avance, aumentando con ello el consumo. Deberemos pues limitar su uso a ocasiones estrictamente necesarias.

En mi opinión, esta serie de medidas, tan sencillas de adoptar, sí que podrían suponer un ahorro de combustible en torno al 15% tan ansiado por el gobierno con la reducción del límite de velocidad en autovías de 120 a 110 km/h.

En definitiva, prácticas responsables en lugar de prohibiciones, pero eso supongo que irá en la ética de cada uno. Somos España y tenemos que asumirlo. Nos seguimos leyendo…

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